
Los que se niegan a convertirse al hinduismo ven cómo se les bloquea el acceso a la fuente del pueblo, se les prohíbe recoger leña en el bosque o se les impide el acceso a la economía local, junto con amenazas de tipo físico. Entre diciembre de 2007 y agosto de 2008, los extremistas hindúes mataron 93 personas e incendiaron o destruyeron 6.500 hogares, 350 iglesias y 45 escuelas, sobre todo en zonas rurales.
La persecución anticristiana provocó 50.000 desplazados. La mayoría de los autores de estos ataques están libres y amenazan a los testigos de los hechos para que no se denuncie. El «Global Council of Indian Christians» (GCIC), organismo que reúne a todas las minorías cristianas de la India, ha condenado duramente estos ataques pidiendo a la policía mayores medidas de protección frente a las agresiones de los fundamentalistas.
En Orissa está en vigor una ley que obliga a los que quieran convertirse a otra religión a pedir permiso escrito al magistrado local.
(Fuente: La Razon.es)





